Network, el mundo implacabile de la pequeña pantalla

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Yuste
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Cristina
Categoría: 
in deep
Idioma: 
Español
La muerte en directo de Howard Beale

«El cine crea memoria, la televisión crea olvido». Cuando Jean-Luc Godard pronunció estas palabras no podía imaginar que el tiempo las catapultaría a la inmortalidad. Hoy más que ayer, la imagen televisiva actúa de protagonista indiscutible en la novela de nuestra vida. Silabea los tiempos, modela los estilos de vida y de pensamiento, fascinando nuestros sentidos con su perpetuo hic et nunc. Hoy más que ayer, intelectuales y artistas se afanan en analizar los mecanismos de la televisión. Naturalmente, el cine, que ha sido siempre su hermano mayor, continua produciendo obras críticas sobre la hermana “traviesa”, llegando a superar incluso el límite de lo corrosivo.

En la historia, uno de los primeros y más destacados ejemplos de esta tendencia es Network, un mundo implacable, película estadounidense de 1976, protagonizada por Faye Dunaway, William Holden, Peter Finch, Robert Duvall y dirigida por Sidney Lumet, dónde, entre otras cosas, no sólo se analiza el mundo de la televisión como forma de espectáculo, sino que además se aborda el periodismo televisivo. De hecho,tomando cómo inspiración un relato verdadero, el filmecuenta la historia de Howard Beale (Peter Finch), un presentador de informativos que está a punto de ser despedido por su bajo índice de audiencia. En dos semanas, tiene que abandonar la cadena, pero anuncia que, antes de que llegue ese momento, se suicidará ante las cámaras. Este hecho sin precedentes provoca una gran expectación entre los televidentes y los propios compañeros de Howard, que tratarán de convertir la destrucción de este hombre en un negocio muy rentable.

En este trabajo, Lumet, que conocía bien el mundo de la televisión (en sus inicios trabajó en la CBS; además en otra de sus películas, Tarde de perros, ya había abordado el tema de la sociedad del espectáculo), lleva acabo unanálisis sobre el poder de la televisión, un mundo competitivo donde el éxito y los récords de audiencia imponen su dictadura. En particular, parece evidente cómo el director plasma dos ideas fundamentales: la más inmediata muestra cómo la televisión es un negocio, la más profunda concierne al flujo continuo e ininterrumpido con el que se produce la transmisión de la imagen televisiva. Una tropa de personajes, interpretados por grandes estrellas y caracterizados por la pluma de Paddy Chayefksy (uno de los más importantes guionistas de la historia de la televisión americana además de ser galardonado con el Oscar al mejor guión por Network) entrelaza los propios eventos privados y laborales sobre el escenario de la UBS, la cadena de la película. Los actores bailan un vals tocado por la gran hermana televisiva que, tanto para lo bueno como para lo mano, influencia sus vidas.

El protagonista, Beale es un viejo presentador de informativos que cae en desgracia al enviudar y quedarse sólo, sin hijos. Se vuelve taciturno y empieza a beber. Su índice de audiencia es cada vez más bajo hasta que la cadena lo despide. Él es la víctima, su voluntad es casi nula, no puede cambiar la historia ya que es un objeto en manos de aquellos que si pueden hacerlo. Su viejo amigo Max Schumacher (William Holden), antiguo editor de noticias le convence para aparecer por última vez en antena, dónde pronuncia un discurso apocalíptico. Efecto: los índices de audiencia se disparan yla directiva de la cadena cambia de opinión. Beale ya no es despedido, convirtiéndose así en el “profeta iracundo de las antenas”. En su nuevo programa “El show de Howard Beale”, el presentador apela a la nación a actuar con su «Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo», frase que se hace célebre. El nuevo mensaje de Beale tiene una buena acogida entre el público, que obedece al tele-predicador, dirigiéndose a sus ventanas con el famoso ‘grito de guerra’. La idea de los autores queda clara: la audiencia es un rebaño de ovejas, una masa conformista fácilmente condicionable. Los condicionantes son los grandes medios de comunicación, que buscan el éxito del momento. Da igual si el contenido es banal, grosero, exagerado, ordinario: la cuestión es la forma, que debe ser innovadora, espectacular, llamativa al público. Sobre todo, debeobtener audiencia, es decir, el triunfo económico.

La interprete de esta filosofía es Diana Christensen (Faye Dunaway), una mujer obsesionada con el trabajo y dispuesta a todo para conseguir audiencia. En su primera aparición, la vemos viendo una documental sobre un grupo terrorista que contrata  para hacer una serie de guerrilleros atracadores (sorprendentemente, este mismo grupo será el encargado de acabar con la vida de Beale en directo, cuando su programa fracasa). También su vida privada es esclava de los negocios: uno de los momentos más memorables de la película es cuando, en una escena de cama con Schumacher, Diana parece llegar al orgasmo no por el placer sexual sino por la constatación de los buenos índices de audiencia. Estos dos personajes son dos caras de la misma moneda, el periodismo. Schumacher representa la vieja escuela, más moral, sujeta a grandes valores; Diana, en cambio encarna la nueva tendencia del periodismo-espectáculo, basado en infoentretenimiento y en la dictadura de la audiencia.

En un segundo plano de la historia se mueven figuras menores: Frank Hackett (Robert Duvall), jefe de la cadena y fiel amigo de Diana, con quién comparte los mismos intereses; la mujer de Schumacher, Louise, interpretada por Beatrice Straight, que consigue con su interpretación en el filme un record en la historia del cine (suya es la aparición más breve, sólo 5 minutos y 4 segundos, galardonada con el Oscar); Arthur Jensen (Ned Beatty), presidente de la compañía dueña de la UBS, que explica a Beale los verdaderos intereses de la empresa. Precisamente la escena de este diálogo representa el punto clave de la película. La particular puesta en escena del personaje de Jensen, encuadrado entre dos filas de lámparas (cómo si de él partiese todo, toda la empresa, hasta el último trabajador de ella), sirve a Lumet para dar voz a su punto de vista sobre el funcionamiento de los medios de comunicaciones, que son los nuevos sujetos políticos. Dice Jensen: «No existe América, no existe la democracia. Sólo existen IBM, ITT y AT&T Y Dupont, Dow, Union Carbide y Exxon. Esas son las naciones del mundo hoy día».

La idea de que los media, en este caso la televisión, dominen el mundo y decidan sobre la vida y la muerte de sus protagonistas, es el hilo conductor a lo largo de toda la película. Esto se aprecia desde el principio, cuando, para identificar Nueva York, basta un rápido montaje de tres o cuatros rascacielos de las grandes cadenas, hasta el final, cuando una voz fuera de campo concluye diciendo: «Ésta es la historia de Howard Beale, el primer caso que se conoce de un hombre que fue asesinado porque bajó su índice de popularidad». Son las palabras del narrador, pero parecen las palabras de Dios. Un Dios pagano, que encuentra su eternidad en el fluir ad libitum de imágenes y sonidos. No hay orden en este universo, sino solamente un caos incesante, como aquello que enmarca el asesinatode Beale: la imagen de su muerte es mostrada como algo banal en medio de diversas formas de espectáculo (un anuncio, una película, otro noticiario...), que parecen continuar hasta el infinito. Además de todo esto, es significativo que la película termine con una mezcla confusa de voces, que transmiten la idea del caos televisivo incesante. 

Cuando la obra vio la luz por primera vez, Roger Ebert, critico del Chicago Sun-Times, escribió: «Lo que Lumet logra está tan bien hecho, tan claramente representado y será tan difícil de olvidar, que Network sobrevivirá a películas mucho más prolijas» (1). No se equivocaba: aquel caos incesante duraría por mucho tiempo, aquel Dios fascinante habría sido venerado en los años siguientes por “reyes de la comedia” (2) y locos del Show de Truman. Y habría creado esa religión del olvido que ya Monsieur Godard había maldecido. 


(1) Roger Elbert, Network in Chicago Sun-Times, 01-01-1976

(2) El rey de la comedia (Martín Scorsese, 1983)